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domingo, 10 de abril de 2011

¿PUEDEN LOS BEBÉS APRENDER DOS IDIOMAS A LA VEZ?




Hasta los 8 años, los niños tienen una gran facilidad para aprender idiomas. Hasta esa edad, lo asimilan de forma intuitiva y apenas tienen que esforzarse. A pesar de que algunos padres son reacios a enseñarles desde pequeños por temor a que esto dificulte su aprendizaje, los niños crecen como si tuviesen dos seres monolingües arrojados en su cabeza, y viven el proceso con total naturalidad. El mejor método, cuando sea posible, es hablarles en casa en dos idiomas diferentes

 Aprender desde bebés

Gracias a los matrimonios formados por personas con diferentes lenguas maternas, se ha podido comprobar que los hijos de estas uniones incorporan espontáneamente ambos idiomas sin confundirlos. Mucho antes de saber hablar, los bebés son sensibles a las entonaciones propias de cada lengua. Es decir, que diferencian dos idiomas por el tipo de acento particular de cada uno.

Desde el momento en que nacen, los niños están genéticamente preparados para aprender a hablar más de un idioma. Su cerebro es sumamente permeable y está abierto al mundo para descubrir todo lo que le rodea. Su oído está muy desarrollado y prefiere escuchar palabras a cualquier otro sonido. Ya es capaz de discriminar entre tonos de diferente volumen y distinguir las palabras de los ruidos producidos por objetos naturales y artificiales. Además reconocen las voces. Su mundo está mediado por la palabra, que más adelante será su principal herramienta de comunicación e interacción.

El cerebro de los recién nacidos está listo para aprender un idioma. Los bebés nacen con millones de células en el cerebro que controlan el lenguaje. Estas células se conectan con otras al principio de la vida, formando "caminos." Cuando escuchan hablar a los adultos se fortalecen los "caminos" que tienen que ver con el lenguaje en el cerebro. Sin embargo, a los diez años estos caminos ya están bien desarrollados y a partir de ese momento cuesta más aprender otro idioma.

Los niños de hasta tres o cuatro años tienen la capacidad de crecer en varios idiomas sin mayores problemas. A partir del cuarto año, ya no pueden conjugar algunos verbos de un idioma nuevo de una forma tan rápida y tan correcta. Entre los ocho y los diez años concluye una de las fases principales del desarrollo humano… precisamente el momento en que los niños suelen empezar a aprender su primera lengua extranjera. A esa edad, ya no aprenden de forma intuitiva, sino que tienen que esforzarse de una forma similar a los adultos.

En 1997, el equipo de neurólogos del hospital Memorial Sloan Kettering, de Nueva York, comprobó que el cerebro de un niño es capaz de memorizar dos lenguajes en forma simultánea en una misma región de la corteza cerebral, utilizando un único grupo de neuronas, a diferencia de los adultos, quienes al adquirir un segundo idioma lo almacenan en un área distinta. En términos prácticos, esto significa que mientras más pequeños sean los niños, el aprendizaje de idiomas es natural y simple, ya que no hacen el proceso de traducir el pensamiento de un idioma a otro, como los adultos.

Recientes estudios han comprobado que los bebés que escuchan discursos en lengua extranjera durante sus primeros meses de vida hallan más fácil aprender idiomas en el colegio o una vez son adultos. Psicólogos de la Universidad de Bristol indicaron que el cerebro en desarrollo pasa por un periodo de "programación" en la infancia que establece para la vida del individuo su capacidad para reconocer sonidos clave en cualquiera que se convierta en su lengua nativa. Así, cuando un bebé nace, tiene la capacidad de distinguir cada tipo de discurso. Incluso si los padres son ingleses, el niño tiene la capacidad de distinguir sonidos vocales griegos y chinos. Un recién nacido es capaz de distinguir todos los sonidos, pero cerca de los seis meses selecciona sólo aquellos que son relevantes para su lenguaje.
 
¿Existen inconvenientes?

Los matrimonios entre personas que no hablan el mismo idioma cada vez son más comunes gracias a la globalización. Muchos padres hablan a su hijo en el lenguaje propio, pero otros acaban echándose atrás por miedo a que se desarrollen más despacio o sean menos competentes en sus dos idiomas que los niños monolingües en su única lengua materna.

Un temor infundado. Nuestro cerebro está preparado para aprender varias lenguas, por lo que desperdiciamos nuestra capacidad si no explotamos esta opción.

No es raro que algunos padres lleguen a dudar del éxito de su misión plurilingüe. Lo hacen si ven que sus hijos no se lanzan a hablar en la segunda lengua, cuando su evolución se estanca o si se niegan a hablar otro idioma porque no quieren llamar la atención en la guardería.

Como en cualquier aprendizaje, a lo largo del proceso se pueden producir una serie de alteraciones en el lenguaje, similares en monolingües y bilingües, ya que los niños monolingües de 18 meses tienen un vocabulario de unas 50 palabras, igual que los plurilingües, pero repartidas entre sus distintos idiomas. Es posible que no puedan expresarse tan bien en un idioma si se los compara con otros niños de su edad. Pero esto no debe preocupar a sus padres, ya que recuperarán la diferencia a medida que profundicen en el conocimiento de ambos idiomas.

A juicio de la doctora Laura-Ann Petitto, directora de la investigación sobre la educación bilingüe en la Sociedad Americana de Neurociencia, cuando los niños son expuestos desde muy temprano a dos lenguas diferentes, “crecen como si tuviesen dos seres monolingües alojados dentro de su cerebro”. Petitto explica que, a diferencia de los que se podía temer, “no se produce ningún tipo de contaminación lingüística ni retraso en el aprendizaje”. Contrariamente a lo que aseguran algunos expertos, defensores de retrasar la exposición a la segunda lengua hasta que el niño no tenga un firme entendimiento de una lengua primaria, Petitto y su equipo defienden el bilingüismo precoz.

Además, el bilingüismo tiene muchas ventajas: estos niños tienen una mayor capacidad de atención, pueden distinguir mejor lo importante de lo trivial, se concentran mejor, su cerebro crece a medida que se producen nuevas conexiones neuronales… En resumen, favorece su desarrollo intelectual, memoria y concentración, potenciando sus capacidades a todo tipo de aprendizaje.

 Recomendaciones

El método más seguro para conseguir un niño bilingüe es que uno de sus padres le hable en otro idioma desde que nace. Lo que recomiendan los logopedas es que si el padre es francés, siempre utilice ese idioma con sus hijos, y aunque éstos quieran hablarle en castellano, él se mantenga firme en su lengua nativa. Distinta es la situación si el padre no tiene otra lengua materna, sino simplemente domina otro idioma. En este caso, probablemente le ayudará al conocimiento del idioma, pero no logrará desarrollar un bilingüismo propiamente, porque la pronunciación no será exacta ni la conversación fluida y constante.

Esta fórmula, si es reforzada por el colegio, una cuidadora o una academia, permite de una forma precoz y casi sin esfuerzo el dominio completo de la lengua por parte del niño. Claro que exige un esfuerzo por los padres al principio, ya que no deben ceder si el pequeño intenta comunicarse en un solo idioma.

Los colegios bilingües (que cada año aumentan de número, tanto privados como públicos), son la mejor opción para aquellos padres que no saben otra lengua. Pero si no hay posibilidad de mandarle a un colegio así, las academias o profesores nativos son también una estupenda elección. En la actualidad, existen academias de idiomas para bebés, en las que se aprende mediante juegos.

Además, cualquier actividad que se realice en el otro idioma que se quiere enseñar, ayudará a reforzar lo aprendido. Canciones, cuentos, juegos, películas… todo es válido para practicar una lengua.

Pero recuerda siempre que no debes presionar ni atosigar a tu hijo para que hable otro idioma y nos demuestre lo que sabe. Y si tu niño presenta alguna dificultad en el habla como inmadurez articulatoria, retraso del lenguaje, dislalia… no es recomendable que se inicie en otro idioma.

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